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Cultura

Murió Robin Wood, guionista paraguayo de historietas creador de Nippur de Lagash

Fue uno de los nombres rutilantes de la Editorial Columba, con tĆ­tulos de alto impacto como Nippur de Lagash, Mark, Pepe SĆ”nchez, Dago y Gilgamesh, el inmortal. Murió el domingo, en Paraguay, a los 77 aƱos. Robin Wood…

POR banctraider@gmail.com 18/10/2021 9 MIN DE LECTURA
Murió Robin Wood, guionista paraguayo de historietas creador de Nippur de Lagash

Fue uno de los nombres rutilantes de la Editorial Columba, con títulos de alto impacto como Nippur de Lagash, Mark, Pepe SÔnchez, Dago y Gilgamesh, el inmortal. Murió el domingo, en Paraguay, a los 77 años.

Robin Wood confiaba en el correo. Donde estuviera, guardaba el guión en un sobre, iba al buzón mĆ”s cercano y lo despachaba a las oficinas de Editorial Columba, para que los dibujantes recrearan su imaginación con tinta china. ā€œY nunca me fallĆ³ā€, se ufanaba. El guionista paraguayo falleció el domingo a la noche, a los 77 aƱos, y la noticia causó desolación en el ambiente de la historieta argentina, donde se hizo cĆ©lebre gracias a personajes como Nippur de Lagash, Dago, Gilgamesh el inmortal, Mark y Pepe SĆ”nchez, entre muchĆ­simos otros.

Wood era sinónimo de aventura. No sólo por el gĆ©nero que cultivaba para sus relatos, sino por la imagen que habĆ­a contruido de sĆ­ mismo. Si otros guionistas, como Carlos Trillo, hablaban de la historieta como lenguaje adulto, de la crĆ­tica europea dedicada a la disciplina y analizaban la producción industrial local, Wood contaba en cuanta entrevista le hicieran –que eran muchas- sobre su infancia en orfanatos, sus trabajos como lavaplatos, camionero, en los obrajes madereros y en las fĆ”bricas porteƱas. TambiĆ©n recordaba cuando pateó el tablero, se compró una mĆ”quina de escribir portĆ”til y anunció en Columba que ā€œse iba de viajeā€. Lo miraron como si estuviera loco, aseguraba, pero Ć©l cumplió mandando casi a diario los guiones que hacĆ­an falta para llenar de aventuras esas revistas que vendĆ­an a razón de medio millón de ejemplares por nĆŗmero. SolĆ­a mencionar de cuando escribĆ­a desde un kibutz israelĆ­, pero en una entrevista para PĆ”gina/12 contaba de otras experiencias, como los yurtis mongoles. Eran Ć©pocas mĆ”s aventureras para el mundo, pero sobre todo para Wood, que aprovechó esos aƱos para erigir una imagen de sĆ­ mismo tanto o mĆ”s exótica que la de sus personajes.

En la Argentina cuenta con una legión de fans devotos que acudían a reindirle pleitesía cada vez que pisaba el país, fuese para una gran convención de cómics o una presentación de libros. Su vigencia entre el público era tal que, tras muchos años sin publicar ni una pÔgina en los espacios locales, finalmente los editores se pusieron a facturar con sus relatos. Dago, en particular, sigue recopilÔndose en el país, aunque los fans mÔs acérrimos buscaban cómo agenciarse sus aventuras publicadas en Italia, donde jamÔs dejó de aparecer.

Su permanencia –y la de sus creaciones- tiene varias explicaciones. Desde luego, lo suyo era el relato mĆ”s ā€œde fórmulaā€. AsĆ­, Dago siempre es un proscripto que descubre y frustra algĆŗn entuerto del poder mientras visita circunstancialmente las sĆ”banas de la dama de turno, junto a la que lamenta no poder quedarse; Gilgamesh siempre estaba en alguna bĆŗsqueda y Nippur buscaba alejarse del poder. Pero ademĆ”s, sus hĆ©roes tenĆ­an debilidades. Debilidades que no eran ni la kryptonita ni bajezas morales, pero que los hacĆ­an humanos, accesibles a los lectores, que terminaban identificĆ”ndose con sus penurias.

Por otro lado, y aunque lo suyo no era el relato de aventuras construido con sentido crítico, como en otros autores, en su obra ocasionalmente asomaba cierto existencialismo, como en el caso de Gilgamesh, el inmortal. Y ademÔs de su prolífica producción (aseguraba escribir diariamente el guión de al menos ocho pÔginas de historieta y tener publicados mÔs de diez mil), tenía por sobre otros colegas que transitaban el mismo género la ventaja de una mejor prosa. Wood abundaba en florituras y a veces pecaba de cursi, pero no caía en las parrafadas agotadoras de otros.

Wood tenía otra faceta, que era la de la historieta humorística, que destiló en Mi novia y yo, y Pepe SÔnchez (una parodia de las películas de espías), ambas con Carlos Vogt y también muy recordadas entre los lectores locales.

Otro aspecto que quizĆ”s explique su vigencia es que, en un espacio notablemente conservador como la Editorial Columba, Wood se las arreglaba para relatar historias que podĆ­an involucrar a la Iglesia, papas pedófilos, nepotistas y hasta sacrĆ­legos, y aĆŗn asĆ­ caminar la delgada lĆ­nea de lo que le permitĆ­an publicar. En una entrevista con este medio destacaba que la actual era ā€œuna edad de oro porque se puede hacer cualquier cosaā€. En su juventud y el pico de su popularidad, algunos temas, como el adulterio, estaban vedados, contaba. ā€œColumba era muy tradicionalista. Se la ha acusado de un montón de cosas. Sucede que ellos tenĆ­an esa postura, que era muy respetable. Pero no habĆ­a censura. A mĆ­ sĆ­ me corrigieron algunas cosas, pero jamĆ”s me molestó. Era su editorial y ellos la manejaban como les parecĆ­a de acuerdo con sus ideasā€, opinaba en esa entrevista con PĆ”gina/12 y aseguraba que jamĆ”s se preocupó por excederse de los lĆ­mites. ā€œĀæPara quĆ©? Si las reglas estaban claras y era su empresa, estaban en todo su derecho. AdemĆ”s, Columba publicaba en una Ć©poca muy difĆ­cil. A ellos los controlaban los militares, como tambiĆ©n se controlaba el cine, la radioā€, agregaba.

Wood nació el 24 de enero de 1944 en una colonia ā€œsocialista-comunistaā€ de irlandeses y escoceses en Paraguay, y pasó su infancia entre ese paĆ­s y la Argentina. Su educación formal llegó apenas hasta la primaria, pero Wood era culto y autodidacta. LeĆ­a vorazmente y eso se advertĆ­a en sus historias, que sacaban de la galera mil referencias. Cuando PĆ”gina/12 lo entrevistó en 2012, durante su visita a la convención rosarina de historietas Crack Bang Boom, el guionista paraguayo recitaba a Lorca, contaba anĆ©cdotas junto a Umberto Eco y ā€œde las vueltas de Garibaldi en el RĆ­o de la Plataā€. AsĆ­, eclĆ©ctico, tambiĆ©n leĆ­a dos o tres libros nuevos a la semana y releĆ­a un poco mĆ”s.

Fruto de sus primeros años itinerando por orfanatos le quedó la lectura como refugio y también cierta propensión a la soledad. Aseguraba que no tenía amigos, aunque era sociable (y no había que darle mucha cuerda para que hablara como para llenar varias pÔginas de entrevista). La clase de invitado que siempre rendía en las convenciones: traía público y su charla de sobremesa, cuando la jornada terminaba, siempre incluía alguna anécdota interesante.

De sus primeros tiempos como guionista insistĆ­a en contar la historia del rechazo en una fĆ”brica, el aguacero y su nombre en un puesto de diarios. Contaba de cómo una llegada tarde lo habĆ­a dejado fuera del turno de trabajo y, al volver bajo la lluvia a su pensión, se habĆ­a encontrado su nombre en la tapa de una revista: en Editorial Columba habĆ­an aceptado las pĆ”ginas de muestra que habĆ­an dejado junto a su compaƱero Lucho Olivera. NacĆ­a Nippur, pero sobre todo, renacĆ­a Robin Wood. Para ambos significó un notable ascenso social. Era una Ć©poca donde se ganaba bien como historietista, mĆ”s en la editorial lĆ­der del rubro. Wood recordaba la relación previa con Lucho como la de ā€œdos muertos de hambre locos por Sumeriaā€, y de ese entusiasmo conjunto habĆ­a surgido el personaje.

Para Editorial Columba, en tanto, también fue un momento simbólico. QuizÔs sin saberlo, acaban de encontrar al autor que se convertiría en su estandarte. Aún hoy, décadas después de que la editorial cerró y pese a las decenas de guionistas y dibujantes que cobijaron sus pÔginas, Wood es el mÔs célebre y mÔs representativo de todos.

A Wood sus mĆŗltiples trabajos previos a su vida como guionista, consideraba, le habĆ­an permitido pensar personajes y situaciones. Pero tambiĆ©n hacerlos mĆ”s cercanos. ā€œUn producto hecho con ganas llega al pueblo, y si ademĆ”s viviste la vida de las personas que te leen, de una manera u otra los retratĆ”sā€, observaba. Incluso aseguraba que ā€œla historieta de Columba fue la verdadera historieta justicialista: la leĆ­an los peones y el medio peloā€.

De su mƩtodo de trabajo no decƭa mucho. Lo asemejaba a la escritura automƔtica y juraba que se sentaba a escribir sin ninguna idea, que simplemente las palabras iban surgiendo unas tras otras.

Desde hace algunos aƱos arrastraba una enfermedad y habĆ­a cruces pĆŗblicos de su entorno por su salud y el legado de su obra, que ya preparaban a sus lectores para el desenlace del domingo. Por otro lado, el mismo Wood habĆ­a hablado de la muerte en otras ocasiones. ā€œEl dĆ­a que Robin Wood no pueda escribir, estarĆ” muertoā€, aseguró alguna vez. Y a PĆ”gina/12 le habĆ­a dicho, mirando a su alrededor en una convención de cómics, que ā€œel dĆ­a que me muera voy a estar muy, muy enojado, porque esto, hermano… pucha, es maravillosoā€.

Robin Wood para principiantes

Nippur de Lagash: la primera, y una de las mÔs populares historietas de Wood fue una creación conjunta con el dibujante Lucho Olivera. Narra la historia de un general sumerio que es obligado al exilio tras una invasión. Nippur recorre el mundo antiguo y en esos periplos gana fama como aventurero, pero también como hombre sabio.

Dago: La vida de Dago recuerda a la del Conde de Montecristo. Dago es un noble veneciano caĆ­do en desgracia y dado por muerto por sus enemigos, pero que persiste en acecharlos desde las sombras, mientras vende su espada como mercenario o viaja por Europa para terminar siempre involucrado en las intrigas palaciegas. En la Argentina aĆŗn se publican sus aventuras en tomos recopilatorios de las editoriales Comic.ar y Revolver.

Mi novia y yo: era una serie creada para la revista Intervalo (la antologĆ­a de historietas orientadas al pĆŗblico femenino de Editorial Columba) y era una suerte de parodia de la vida del propio guionista. Tino, el protagonista, era periodista en la editorial ā€œPalomitaā€, una clara referencia a la propia Columba. Junto con Pepe SĆ”nchez son dos de los tĆ­tulos mĆ”s recordados, gracias a su costado humorĆ­stico.

Mark: Fue una historieta de acción post-apocalíptica que el guionista paraguayo creó junto a Ricardo VillagrÔn, inspirada en la película The Omega Man (Boris Sagal, 1971). La historia cuenta que los directivos de Columba desconfiaban del material y tardaron tres años en publicar sus primeros episodios

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