Cada 9 de Julio, la Argentina recuerda aquella jornada de 1816 en la que un grupo de representantes decidió romper definitivamente los lazos con la Corona española. Pero 210 años después, la pregunta sigue siendo la misma: ¿qué significa ser verdaderamente independientes?
La respuesta no estĆ” solamente en los manuales de historia. Tampoco en los discursos oficiales que se repiten una vez por aƱo. La independencia se construye todos los dĆas, cuando un pueblo conserva su identidad, protege su cultura y se anima a contar su propia historia con una voz que no necesita imitar a nadie.
Por eso, hablar de independencia también es hablar de música.
Y, aunque algunos todavĆa se sorprendan, el heavy metal argentino forma parte de ese patrimonio cultural que nos distingue ante el mundo.
Mientras el gĆ©nero nacĆa en Birmingham de la mano de Black Sabbath y crecĆa con la Nueva Ola del Heavy Metal BritĆ”nico, aquĆ comenzaba a gestarse algo diferente. No era una copia. Era una traducción cultural. Las guitarras podĆan tener influencia inglesa, pero las letras hablaban de nuestras calles, de nuestras fĆ”bricas, de nuestros barrios, de la frustración de una juventud que buscaba un lugar despuĆ©s de la dictadura y en medio de una democracia que prometĆa mucho mĆ”s de lo que podĆa ofrecer.
Cuando V8 editó «Luchando por el metal», no estaba solamente fundando una escena musical. Estaba diciendo que era posible hacer heavy metal en castellano, con identidad propia y sin pedir permiso. Aquella decisión fue, en sà misma, un acto de independencia cultural.
DespuĆ©s llegarĆa HermĆ©tica, probablemente la banda que mejor logró retratar las contradicciones sociales de la Argentina de finales del siglo XX. No hacĆa falta escribir panfletos. Bastaba escuchar canciones como Ā«Gil trabajadorĀ», Ā«OlvĆdalo y volverĆ” por mĆ”sĀ» o Ā«En las calles de LiniersĀ» para comprender que el metal tambiĆ©n podĆa narrar la realidad cotidiana de quienes nunca ocupaban la tapa de los diarios. Paralelamente y sin tener vĆnculos pero en la misma senda Kamikaze arremetĆa con una mirada mĆ”s introspectiva desde Ā«No me detendrĆ”nĀ» con canciones como Ā«Todo el tiempo vigilasĀ», Ā«Escucha el silencioĀ» y Ā«Mira hacia lo altoĀ».
MĆ”s tarde aparecerĆan Malón, Horcas, Logos, Almafuerte, Tren Loco, Lethal, Nepal, Jerikó y tantas otras bandas que terminaron construyendo una de las escenas mĆ”s sólidas del mundo hispanohablante.
Pero el verdadero legado del metal argentino nunca estuvo Ćŗnicamente en los discos.
Estuvo en su comunidad.
En el ritual del recital.
En la solidaridad del pogo, donde el primero que levanta al que cae suele ser un desconocido.
En las pequeƱas salas del interior que sobreviven gracias al esfuerzo colectivo.
En las radios independientes.
En los fanzines fotocopiados de los aƱos ’80.
En las revistas que documentaron una historia que pocas veces apareció en los grandes medios.
En cada mĆŗsico que siguió tocando aun cuando sabĆa que jamĆ”s se harĆa rico.
Eso tambiƩn es hacer patria.
Porque la patria no se reduce a un territorio.
Es una memoria compartida.
Es una comunidad que se reconoce en determinados valores.
Es la capacidad de transmitir una identidad de generación en generación.
«La cultura de un pueblo es la forma mÔs profunda de su independencia.»
Por eso resulta imposible hablar del metal argentino sin mencionar a Ricardo Iorio. MĆ”s allĆ” de las controversias que marcaron distintos momentos de su vida y de opiniones que pueden ser compartidas o discutidas, nadie puede negar que fue uno de los compositores mĆ”s influyentes de la historia del rock pesado nacional. Sus canciones pusieron en discusión el trabajo, la historia, el desarraigo, las raĆces y la identidad de una manera que trascendió largamente al pĆŗblico metalero.
Del mismo modo, Osvaldo Civile dejó una marca imborrable desde el virtuosismo y la pasión; Walter Giardino abrió las puertas internacionales para el metal argentino con una propuesta de excelencia musical; Claudio O’Connor continĆŗa siendo una de las voces mĆ”s representativas del gĆ©nero; y decenas de artistas mantienen viva una tradición que ya forma parte del patrimonio cultural argentino.
La independencia tambiƩn consiste en eso: en no resignar la propia voz.
Vivimos en un tiempo donde la industria cultural tiende a uniformarlo todo. Las mismas canciones, los mismos algoritmos, las mismas modas atraviesan el planeta a una velocidad inĆ©dita. Frente a esa realidad, sostener una escena independiente, escribir canciones que hablen de nuestra gente y defender espacios para los artistas nacionales constituye un verdadero acto de soberanĆa cultural.
No se trata de rechazar lo extranjero. Todo lo contrario. El metal argentino existe porque supo aprender de Black Sabbath, Judas Priest, Motörhead, Iron Maiden, Deep Purple y tantos otros gigantes. Pero la grandeza consistió en transformar esa influencia en algo irrepetiblemente nuestro.
Nadie puede escuchar a HermƩtica y confundirla con una banda inglesa.
Nadie puede escuchar a Almafuerte sin reconocer el paisaje argentino.
Nadie puede escuchar a V8 sin sentir la fuerza de una generación que decidió abrir un camino donde antes no existĆa ninguno.
Esa es la verdadera independencia del arte.
No copiar.
Crear.
En este 9 de Julio vale la pena recordar que una Nación no se sostiene solamente por sus recursos naturales ni por los nĆŗmeros de su economĆa. TambiĆ©n se sostiene por sus escritores, sus docentes, sus cientĆficos, sus actores, sus pintores y sus mĆŗsicos. Se sostiene por aquellos que todos los dĆas enriquecen el alma colectiva de un pueblo.
El heavy metal argentino lleva mƔs de cuatro dƩcadas haciendo exactamente eso.
Con amplificadores, guitarras, bombos y distorsión.
Pero, sobre todo, con honestidad.
Porque cuando una banda decide subir a un escenario para cantar con su propia voz, cuando el pĆŗblico responde formando una comunidad y cuando el arte logra convertirse en memoria compartida, la independencia deja de ser una fecha del calendario.
Se transforma en cultura.
Y quizƔ no exista forma mƔs profunda de hacer patria que esa.
RADIO ONLINE Ā· ROCK Ā· CULTURA
