voz de Oli se destaca por su suavidad y su facilidad para comandar las
melodías; a su vez, la banda que la acompaña (Fernando Iguacel en bajo,
sintetizadores y guitarras; Gustavo Despouy
en guitarras eléctricas; Martín Sosa en batería y percusión) suena
ajustada y funciona como base perfecta para transitar por distintas
variantes de rock, folk y pop a través de arreglos sutiles.
“Mi lugar” da el puntapié inicial, un folk eléctrico y melancólico en el
que Oli muestra de entrada su alta sensibilidad melódica. El ritmo se
levanta súbitamente con “Tic-Tac”, un rock fuerte que parte de las
agujas del reloj para reflexionar sobre la eternidad
y lo inabordable del tiempo. “Hoy sé” es uno de los puntos más finos
del disco, una canción honesta sobre el autoconocimiento, en la que
Fernando Samalea aporta su magia en el bandoneón, dándole al sonido
aires rioplatenses. Paso siguiente, “Entre tus ojos
y el tiempo” se destaca por su delicado arreglo de percusión
electrónica que sirve de base para que Oli vuelva a poner la mirada
microscópica sobre el paso del tiempo.
La segunda parte del álbum arranca con “Sonreír”, donde la cantante
vuelve a demostrar la delicadeza de su timbre y entrega un interesante
contrapunto entre el sonido soleado y las estrofas nubladas. El pop se
hace presente en los arreglos electrónicos de “Vuelve
aparecer” y le ofrece una plataforma para que Oli cante sobre los
miedos y el poder de las palabras y los silencios. “Antes del amanecer”
retoma la calidez melódica en una canción con fuerza de FM. Para el
final, las guitarras eléctricas se ponen al frente
para “En el aire” dando como resultado una canción que vuela alto, del
mismo modo que la voz y las palabras de Oli.
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