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Murió Quino, el creador de Mafalda

JoaquĆ­n Salvador Lavado tuvo una extensa y aclamada carrera que lo llevó a recibir distinciones como la Orden Oficial de la Legión de Honor en Francia y el Premio PrĆ­ncipe de Asturias en EspaƱa. "Cuando pienso en que…

POR banctraider@gmail.com 30/09/2020 6 MIN DE LECTURA
Murió Quino, el creador de Mafalda

Joaquín Salvador Lavado tuvo una extensa y aclamada carrera que lo llevó a recibir distinciones como la Orden Oficial de la Legión de Honor en Francia y el Premio Príncipe de Asturias en España. «Cuando pienso en que voy a abrir el periódico y no van a estar mis dibujos, me da mÔs angustia y sigo dibujando. Es como ese jefe de estación que se jubila, pero vuelve todos los días para ver si los trenes pasan a horario», dijo una vez a PÔgina/12.

Murió Quino. Es decir: se murió una parte importante de la cultura argentina. El tipo que reinventó el humor grÔfico y que sintetizó las ideas de una generación. El que educó políticamente desde sus viñetas a capas enormes del país. El que, preocupado porque su trazo no desviara su camino, calcaba sus propios dibujos para mantener a su Mafalda idéntica a sí misma. El que, ya con problemas en la vista y sintiendo que no tenía tanto mÔs para decir, dejó los lÔpices a un costado, en un ejercicio de dignidad. El que volvió cuando lo sintió necesario. El que cuando usaban su nombre o su personaje para sostener ideas con las que no coincidía, protestaba y plantaba posición. El que prestaba su figura para sostener cualquier iniciativa que aportara al universo de la historieta o el humor grÔfico. Tenía 88 años y una obra realizada.

Quino nació como Joaquin Salvador Lavado el 17 de julio de 1932, en Mendoza, esa provincia tan fecunda en artistas grÔficos y a la vez tan habituada a empujarlos a trabajar en otras tierras. Quino no fue la excepción, sí su exponente mÔs famoso.

Empezó a estudiar en la Escuela de Bellas Artes provincial con apenas 12 o 13 años y abandonó a los 17. Sus primeras búsquedas laborales fueron infructuosas. Al final se afincó en Buenos Aires después de hacer la colimba y ahí empezó a cambiar su suerte.

Quino publicó su primera pÔgina de humor en el semanario Esto Es y eso le abrió las puertas de otros espacios, incluyendo las populares revistas LeoplÔn, TV Guía y Vea y Lea, entre muchas otras. Su primer salto fue cuando publicó en las fundamentales Rico Tipo y Tía Vicenta, donde ya empezó a perfilarse como un talento particular. De estos espacios surgió la recopilación de su primer libro, Mundo Quino. Pero si en el humor grÔfico hay algo parecido a la consagración, le llegó con Mafalda.

Mafalda y la modernización del humor grÔfico argentino

Con Mafalda Quino modernizó el humor grÔfico argentino, del mismo modo en que Charles Schulz lo había hecho un par de años antes con Peanuts en Estados Unidos. De hecho, la tira norteamericana había sido una gran fuente de inspiración para el mendocino en sus primeros intentos con el personaje. Eso se nota en los pasajes mÔs tempranos, aunque luego se despega. En uno y otro país, ambos imponen la fórmula que fue por varias décadas la estructura prototípica del chiste: tres o cuatro viñetas con remate humorístico, galería de personajes estable, preponderancia de niños reflexionando como adultos (o mejor que estos).

En Argentina hay mĆŗltiples otros exponentes que derivan de este esquema, como el Batu, de Tute. Y aunque esa es otra historia, en el paĆ­s La ruptura formal llegó de la mano de Miguel Rep, que desdibujó la estructura y cambió el ā€œchisteā€ por una posible gama de humores. Las alusiones no son casuales. Rep fue amigo personal de Quino, quien lo acompañó cuando el de PĆ”gina/12 expuso en el Museo Nacional de Bellas Artes. De Tute dijo que era el mĆ”s brillante de su generación.

Mafalda no fue un Ć©xito tan inmediato como parece a la distancia. Si se piensa en su origen publicitario (un ardid de una marca de electrodomĆ©sticos) o en la materialidad de sus primeras publicaciones, difĆ­cilmente alguien podĆ­a pensar que Quino iba a cambiar el humor grĆ”fico argentino. Esas tiras inaugurales se publicaban en el Primera Plana rodeadas de los avisos mĆ”s pintorescos: fĆŗnebres, publicidades y horóscopo. La pĆ”gina que la cobijaba no era la mĆ”s prestigiosa del periódico. Pero la niƱa y sus padres, primero, la niƱa y su grupo de amigos despuĆ©s, brillante reflejo de la clase media progresista argentina de mediados de los aƱos ’60, ganaron aceptación y popularidad.

El gran salto fue en 1965, cuando el personaje apenas tenía un año. Quino había abandonado Primera Plana por diferencias con sus directivos y su colega Brascó le consiguió espacio en el diario El mundo, por entonces uno de los de mÔs circulación. Fue un fenómeno imparable. En 1966 salió su primera recopilación en libro, por la Editorial Jorge Álvarez, y la tira continuó hasta 1973. Las siguientes recopilaciones vendrían de la mano de Ediciones de la Flor.

La relación que Quino mantuvo con la editorial capitaneada entonces por Daniel Divinsky y su coterrÔnea Kuki Miller dice muchísimo de sus ideas. No sólo sus libros fueron fundamentales para la consolidación y crecimiento del sello, sino que los tres forjaron una amistad imbatible. Cuando la pareja debió exiliarse en Venezuela, Quino siguió publicando con ellos. Amigos en común llevaban y traían el material de un país al otro.

Quino podrĆ­a haber optado por cualquier otro sello (ofertas nunca le faltaron), por una dinĆ”mica editorial menos engorrosa o que deparara menos ā€œsorpresasā€ desagradables, pero Ć©l les fue fiel a toda costa. Ellos le retribuyeron siempre esa amistad. Miller, por ejemplo, destacaba el carĆ”cter gentil de Quino, aĆŗn cuando a veces podĆ­a resultar inescrutable para otros. ā€œEs que como somos mendocinos entre nosotros nos entendemosā€, solĆ­a repetir cómplice y con una sonrisa. Divinsky hablaba siempre de Ć©l como ā€œQuinitoā€, con una ternura inenarrable. Si De la Flor fue fundamental para conservar en el imaginario lector la obra de los humoristas grĆ”ficos de la dĆ©cada del ’60 en adelante, Quino fue indispensable para que De la Flor misma existiera.

El legado de Quino

Lo curioso de todo el fenómeno Mafalda –que se internacionalizó, tuvo series animadas y en el mundo es sinónimo de humor grĆ”fico argentino- es que para el propio autor no se trataba de su trabajo mĆ”s representativo. Ɖl sostenĆ­a que ā€œapenasā€ habĆ­a dibujado esa tira durante nueve o diez aƱos, pero que en cambio habĆ­a hecho pĆ”ginas y viƱetas toda su vida. Era cierto. AdemĆ”s en esas pĆ”ginas sueltas, con personajes sin nombre, el mendocino desplegaba sus inquietudes plĆ”sticas (el chiste del ā€œGuernicaā€ de Picasso ā€œreordenadoā€ es ejemplar en este sentido) y le permitĆ­a ir a fondo con su lectura de las relaciones de poder, de dominación y de clase que habitan en la sociedad. Si en Mafalda tiene un peso enorme la coyuntura (esa de ā€œEntonces… lo que me enseƱaron en la escuela…ā€, al dĆ­a siguiente del golpe militar, por ejemplo), en sus pĆ”ginas hay tiempo para la reflexión y una poĆ©tica mĆ”s elaborada.

Quino dio todo. Si queda algún consuelo sobre su partida, es que también se le retribuyó cuanto se pudo. Recibió innumerables premios y homenajes y su sola aparición despertaba aplausos. Umberto Eco observó en un prólogo a la primera edición italiana de Mafalda que su obra era fundamental para entender a la Argentina. No le faltaba razón. Murió Quino. Por suerte dejó un legado para aprender a dibujarnos.

Fuente: PƔgina12

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