otras cosas, enterrador, enfermero y huƩsped durante casi dos dƩcadas de
instituciones mentales y hospitales psiquiĆ”tricos, pero si algo debĆa
hacer sonreĆr a Peter Green, fallecido este sĆ”bado a
los 73 aƱos mientras dormĆa, segĆŗn ha informado su familia, era que le
recordaran que hubo un dĆa en que B. B. King, maestro de maestros y
piedra angular del blues, se rindió a su talento y a sus encantos. «Fue
el Ćŗnico que me provocó sudores frĆosĀ», dejó dicho el Rey del Blues en
una de esas citas que los guitarristas coleccionan como pedazos sueltos
de la palabra divina.
momento que marcó la vida de Green, menos amable y mucho mÔs
determinante, fue ese viaje de LSD en el que se embarcó en los setenta
durante una gira por Europa y del que nunca regresó: ni él ni su
maltrecha cabeza consiguieron superar tres dĆas de barra libre de
alucinógenos y lo que habĆa empezado unos aƱos antes como una brillante
carrera en el blues britÔnico se esfumó a velocidad de vértigo.
En su primera encarnación, la banda, apuntalada por los diÔlogos de los
tres guitarristas, se encargó de darle un nuevo envoltorio al blues de
Chicago, y se encaramó al éxito de la mano de trabajos como «Peter
Green’s Fleetwood MacĀ» (pocas dudas al respecto del equilibrio de
fuerzas), «Mr. Wonderful» y «Then Play On».
Sólo
tres discos, sĆ, pero suficientes para que Green dejase su huellas con
temas como Ā«Merry Go RoundĀ», Ā«Looking for SomebodyĀ» o los sencillos’
Ā«AlbatrossĀ» y Ā«Black Magic WomanĀ», este Ćŗltimo versionado con gran fortuna por Santana. Con los aƱos, Fleetwood Mac irĆa mudando poco a poco de piel hasta convertirse en la perfecta maquinaria pop de Ā«RumoursĀ»,
pero Green vivió ese nuevo ascenso desde la distancia. Es mÔs: en 1970 y
tras una atropellada y alucinógena gira por Alemania, el guitarrista
abandonó la banda, intentó (sin éxito) que sus compañeros regalasen todo
su dinero y empezó a perderse en un oscuro y profundo pozo.
lo dejó prÔcticamente fuera de juego y empezó a alternar los arrestos
por amenazas de muerte y las entradas y salidas de clĆnicas
psiquiƔtricas con periodos de indigencia y caridad. En lo musical, con
«The End Of The Game» estrenó una errÔtica y guadianesca carrera en
solitario que se cruzarĆa ocasionalmente con la de su antigua banda (se
dejó caer por las sesiones de «Penguin» y apareció sin acreditar en
«Tusk») pero sin llegar nunca a despegar.
tanto su regreso a mediados de los noventa con The Splinter Group,
banda de blues-rock con la que publicó una decena de discos. Una
auténtica sorpresa que, sin embargo, no terminó con la ansiada reunión
de los Fleetwood Mac de los sesenta, posibilidad que ya se esfumó del
todo hace un par de aƱos con la muerte de Danny Kirwan.
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