Ozzy Osbourne ha muerto. La frase duele, pesa, retumba como un riff oscuro en la conciencia colectiva del rock y del heavy metal. El mundo despide a una de sus figuras mĆ”s salvajes, icónicas e irrepetibles. MĆ”s que un mĆŗsico, Ozzy fue un sĆmbolo: del exceso, de la resistencia, del poder de la mĆŗsica para romper moldes, estructuras y prejuicios. Su legado atraviesa generaciones, culturas y gĆ©neros. Y aunque su cuerpo haya cesado, su voz seguirĆ” gritando desde los parlantes de cada alma metalera.
Ā«Es con mĆ”s tristeza que las palabras pueden expresar que debemos informar que nuestro amado Ozzy Osbourne murió esta maƱana. Ćl estuvo con su familia y rodeado de amor. Les pedimos a todos que respeten la privacidad de nuestra familia en este momento. Sharon, Jack, Kelly, Aimee y LouisĀ», expresó la familia en un comunicado.
El nacimiento del mito
John Michael Osbourne nació en Birmingham, Inglaterra, en 1948, en el corazón industrial de una ciudad gris que se convertirĆa en cuna de un nuevo sonido. Junto a Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Ward formó Black Sabbath, banda fundacional del heavy metal, con un debut homónimo en 1970 que aĆŗn hoy suena como una invocación. La voz temblorosa y alucinada de Ozzy fue el canal perfecto para una lĆrica oscura, cargada de miedos, guerra, religión y locura. No existĆa antes nada igual.
Con Sabbath, redefinió el rol del cantante: ya no el galĆ”n de voz limpia ni el chamĆ”n psicodĆ©lico, sino el profeta del apocalipsis. Su impronta vocal, su teatralidad y su capacidad para encarnar el miedo y la rabia social con una autenticidad brutal, moldearon el ADN del metal. Ozzy era el reflejo de una Ć©poca que ya no creĆa en los dioses del pop, pero sĆ en los demonios interiores.
Solista, showman, sobreviviente
Cuando fue expulsado de Black Sabbath en 1979, muchos pensaron que su carrera habĆa terminado. Pero Ozzy resurgió con Ā«Blizzard of OzzĀ» (1980), un disco debut que lo reafirmó como leyenda. Junto al joven guitarrista prodigio Randy Rhoads ācuya muerte trĆ”gica tambiĆ©n marcarĆa su vidaā, construyó una nueva era de clĆ”sicos: Crazy Train, Mr. Crowley, Flying High Again. Su carrera solista fue un despliegue de oscuridad, melodĆa y actitud, que influyó tanto al heavy tradicional como al hard rock, al glam, al thrash y mĆ”s allĆ”.
Fue también un pionero del espectÔculo. Desde la infame mordida al murciélago hasta sus provocaciones escénicas, Ozzy construyó un personaje que trascendió lo musical. Su figura mediÔtica, ya sea como caricatura viva del rock en MTV o como padre disfuncional en The Osbournes, nunca dejó de generar contradicción, fascinación y culto.
Apenas hace unos dĆas, concretamente el 5 de julio de 2025, la ciudad de Birmingham se convirtió en el epicentro de la historia del heavy metal cuando Black Sabbath ofreció su concierto de despedida āBack to the Beginningā en el histórico VillaāÆPark. Fue la primera vez en dos dĆ©cadas que la formación original āOzzy Osbourne, Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Wardā volvĆa a unirse en el escenario, soportada por un despliegue de estrellas como Metallica, Slayer, Tool y Pantera, en una maratón de casi nueve horas que se transmitió en vivo y fue vista por millones en todo el mundo. En una escena profundamente simbólica, Ozzy, ya postrado por el Parkinson, cantó desde un trono, mientras al cierre la banda se encontró entre lĆ”grimas, riffs finales y camaraderĆa, sellando su legado y ofreciendo un adiós tan Ć©pico como su mĆŗsica.
Un sĆmbolo sociocultural
Ozzy representó mÔs que a un cantante: fue el emblema del marginal que se vuelve gigante. Hijo de clase obrera, disléxico, con antecedentes penales, adicto a todo lo imaginable, sobrevivió a décadas de autodestrucción y, sin embargo, se mantuvo en pie. Su historia personal es la de muchos: incomprendidos, rechazados, furiosos con el mundo. Pero su grito fue mÔs fuerte. En su música encontró un lenguaje, y en sus fans, una religión.
Para miles, Ozzy fue el padrino de un estilo de vida. Su figura moldeó la estĆ©tica del metal: cuero negro, cruces, oscuridad, ironĆa. Inspiró a artistas, cineastas, escritores y generaciones enteras que encontraron en su voz un refugio y una catarsis.
Eterno en la historia del metal
Decir que Ozzy Osbourne fue Ā«el PrĆncipe de las TinieblasĀ» es decir poco. Fue el creador de un imperio sónico basado en el vĆ©rtigo, en la distorsión emocional, en el grito colectivo contra el orden establecido. Fue puente entre la vieja guardia del metal y sus mutaciones mĆ”s extremas. Fue padre, guĆa, inspiración, meme, leyenda viviente. Hoy, esa leyenda se hace eterna.
El metal no serĆa lo que es sin Ć©l. Y no lo serĆ” nunca mĆ”s igual sin su presencia. Pero sĆ lo serĆ” con su espĆritu. Porque cada acorde denso, cada riff endemoniado, cada letra que hable del dolor y del infierno cotidiano, llevarĆ” su huella.
Ozzy Osbourne ha muerto. Pero su sombra seguirÔ viva en cada noche negra donde alguien, en algún rincón del mundo, levante los cuernos al cielo y ponga «Paranoid» al mÔximo volumen.
DescansÔ en paz, Ozzy. Y que el infierno te reciba con una ovación de amplificadores al rojo vivo.
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