(Laura Novoa) Con hondo pesar, el mundo musical argentino despide a uno de sus compositores mĆ”s significativos y personales: el domingo 6 de abril por la noche murió Julio MartĆn Viera. Nació en Buenos Aires en 1943, se graduó en la Universidad Católica Argentina, donde tambiĆ©n fue profesor titular de la cĆ”tedra de Composición V, y Profesor de composición y orquestación en la Facultad de MĆŗsica de la Universidad Nacional de La Plata.
Recibió la Beca Guggenheim, y entre los numerosos encargos pueden mencionarse la de la Fundación Fromm en la Universidad de Harvard, del GRM (Groupe de Recherche Musical), Radio Francia ParĆs, de la Serge Koussevitzky Music Foundation de Washington DC, entre otras. Desde 2010 fue miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes.
Sus obras abarcan música de cÔmara, sinfónica, vocal, como también música electroacústica y música electroacústica con medios mixtos. Obtuvo el Primer Premio Nacional y Primer Premio Municipal de Composición.
Viera fue discĆpulo de Francisco Krƶpfl y heredero de una tradición modernista que trazó su camino desde la Segunda Escuela de Viena hasta el serialismo de posguerra y la mĆŗsica electroacĆŗstica.
Sin embargo, su vida artĆstica fue mucho mĆ”s que la adhesión a una estĆ©tica: fue la bĆŗsqueda persistente -a veces ascĆ©tica, otras apasionada- de una voz propia en un tiempo cambiante. Componer le resultaba imprescindible.
Explorando el sonido electrónico
Durante aƱos, Viera exploró las posibilidades del sonido electrónico con una lucidez tĆ©cnica y un oĆdo poĆ©tico que lo convirtieron en una figura central del Laboratorio del Centro Cultural Recoleta, del cual fue director. Obras como el Divertimento para cinta y percusión (1986) dan testimonio de esa etapa de intensa experimentación. Pero como suele suceder con los artistas viscerales, su camino no fue lineal: un dĆa -por hastĆo, por saturación o por una necesidad Ćntima de reconexión con lo corporal del instrumento- abandonó el laboratorio para dedicarse por completo a la mĆŗsica acĆŗstica.
No obstante, es probable que esa experiencia haya dejado una huella en la refinada sensibilidad tĆmbrica que desarrolló posteriormente en su obra. La atención minuciosa al color del sonido es un hilo conductor en su producción instrumental, unida a otros rasgos recurrentes: una intensa expresividad sin grandilocuencias, y un particular sentimiento histórico que otorga profundidad y perspectiva a su mĆŗsica.
Un hombre muy prolĆfico
En su extenso catĆ”logo, ese vĆnculo con la historia se manifiesta no a travĆ©s de citas o gestos explĆcitos, sino de formas mĆ”s veladas, Ćntimas. En la Passacaglia sobre un tema de Bach (1987), sin alusiones evidentes, conversa con el barroco de manera privada. En PolifonĆas sobre un cantus firmus (2007) puede percibirse una bellĆsima y personal evocación de la segunda Escuela de Viena que marcó su formación.
El apego de Viera a una idea de equilibrio formal se hace patente tanto en PolifonĆas como en los Tres epigramas (2009) y el Concierto para flauta y orquesta de cĆ”mara (2015), la obra que tal vez mejor condensa el lenguaje del compositor.
Entre sus obras mĆ”s recientes figura una Suite porteƱa para orquesta (2022), Cinco estudios para ensamble Pierrot (2018), Pierrot en el bosque (2018), Seis poesĆas breves de Aldo Maranca (2018), TrĆo para saxo, vibrafón y contrabajo I Divertimento ā II Nocturno (2017), Concertino para Piano y cuatro instrumentos (2016) y Tres piezas breves, para flauta en sol, viola, guitarra y vibrafón (2016).
En un medio muchas veces atravesado por modas y estrategias de visibilidad, su discreción fue también una forma de ética. Maestro sin estridencias, su legado perdurarÔ en sus alumnos, en quienes dejó una huella profunda, y sus partituras continuarÔn en los atriles del futuro.
Hoy despedimos a un artista Ćntegro, que entendió la composición como una forma de pensamiento y de amor por los sonidos.
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