Durante la grabación del EP de 2021, Ā«The Makarrata ProjectĀ» (Ć”lbum temĆ”tico con colaboraciones de artistas indĆgenas), Midnight Oil tambiĆ©n grabó otra docena de canciones que constituyen su Ćŗltimo trabajo de estudio como grupo. Ā«ResistĀ» es el punto final mĆ”s rotundo a casi medio siglo de grabaciones y giras, en parte porque recuerda claramente a Blue Sky Mining y Diesel and Dust. Sin embargo, no hay ninguna sensación de autoconciencia en esta mĆŗsica ni ninguna sensación de que esta potencia australiana estĆ© intentando abiertamente replicar glorias pasadas.
Por el contrario, este LP se erige como una cuidada declaración de intenciones. El quinteto expone sus inquietudes personales y sociales, como ya lo hicieron en las mencionadas cumbres del Ć©xito comercial y creativo, con esa cierta contención que sirve para resaltar los momentos mĆ”s abandonados. En consecuencia, no hay ni ampulosidad ni proselitismo, incluso (o especialmente) durante los himnos como Ā«The Barka-Darling RiverĀ». Por supuesto, los Oils han aprendido a ser consumados artistas de la grabación a lo largo de su carrera, a menudo en compaƱĆa de Warne Livesy, que produjo este conjunto, por lo que el contraste en los segmentos mĆ”s suaves de piano y guitarra acĆŗstica representa su seguro dominio del ritmo.
La apertura de Resist establece el tono para esta dinĆ”mica combustible. Con un órgano fĆŗnebre detrĆ”s de Ć©l al comienzo de Ā«Rising SeasĀ», Garrett entona (con bastante suavidad) sentimientos sobre venderte en falso, como si estuviera interpretando una confesión generacional de responsabilidad abdicada. Pero esto es antes de que el ritmo se acelere y se eleve a niveles explosivos: con la baterĆa de Rob Hirst flanqueada por las guitarras de Martin Rotsey y Jim Moginie, es un recordatorio sustantivo de cómo los Oils han forjado un estilo de rock and roll tan puro como cualquiera a este lado de los Who vintage.
Lo mismo ocurre con Ā«At the time of writingĀ», donde el Ćmpetu de Midnight Oil es aĆŗn mĆ”s insistente que en el corte anterior. Apenas se ve afectado por la adición del saxofón de Andy Bikers y los teclados elĆ©ctricos (cortesĆa de Mognie y Livesey), la banda tambiĆ©n se precipita a travĆ©s de Ā«Nobody’s childĀ», cuyo denso arreglo sirve de escenario para los gruƱidos de Garrett sobre la belleza, el amor y la compasión. Sin embargo, cuando aparecen las florituras de la guitarra acĆŗstica de Ā«ReefĀ», el grupo no suena menos comprometido que nunca.
Ciertamente, «We resist» suena como una firme declaración de intenciones. La habitual y precisa elocución vocal de Garrett precede a una titÔnica figura de bajo y a unos teclados sintéticos que evocan imÔgenes de los diversos actores implicados en las guerras globales pragmÔticas y filosóficas. Sin sucumbir nunca a la ambivalencia en «Resist», de casi una hora de duración, estos incansables guerreros de Down Under siguen siendo muy conscientes de las diversas partes implicadas en las maquinaciones mundiales que afectan a todas nuestras vidas. En consonancia con las percepciones de la banda, «Lost at Sea» estÔ poblada por personajes de su tierra natal, cuyas luchas encendieron por primera vez su conciencia colectiva sobre cuestiones que van desde el medio ambiente hasta los derechos étnicos.
Los acordes de guitarra que suenan al final de este tema sólo sugieren lo mucho (o poco) que ha cambiado, dependiendo del contexto. Del mismo modo, los patrones circulares de guitarra de «We are not afraid», especialmente cuando dan paso a un chelo tenso y espartano de Julian Thompson, ilustran el sentido de esta música despojada. En su material totalmente original compuesto por los miembros de la banda en varias combinaciones, la credibilidad de Midnight Oil sigue siendo formidable a lo largo de este decimotercer Ôlbum. Como resultado, su voz colectiva resonarÔ mucho después de que los ecos se desvanezcan del enfÔtico piano enterrado en la mezcla de este número de cierre «Last frontier».
Ā (Glide Magazine)
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