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Las leyendas tambiƩn se despiden

El entraƱable Ozzy Osbourne, la voz de Sabbath. Mario Yannoulas - Ante unas 30 mil personas, la notable banda britĆ”nica estĆ” cerrando el ciclo que inició 46 aƱos atrĆ”s. El corazón del show fueron las canciones de los…

POR banctraider@gmail.com 29/11/2016 5 MIN DE LECTURA
Las leyendas tambiƩn se despiden
El entraƱable Ozzy Osbourne, la voz de Sabbath.
Mario Yannoulas – Ante unas 30 mil personas, la notable banda britĆ”nica estĆ” cerrando el ciclo que inició 46 aƱos atrĆ”s. El corazón del show fueron las canciones de los primeros discos, pero un sonido flojo conspiró para que la noche, de todos modos inolvidable, no empardara la de La Plata en 2013.

La tormenta elĆ©ctrica que cayó sobre Buenos Aires el mediodĆ­a del sĆ”bado prometĆ­a de antemano toda una serie de alegorĆ­as y obvias especulaciones sobre el concierto que iba a dar Black Sabbath en la cancha de VĆ©lez nueve horas mĆ”s tarde. No era sólo la asociación de la lluvia con algĆŗn tipo de epopeya –Foo Fighters en River, Mƶtley Crüe en el Pepsi Music–, sino especĆ­ficamente con la historia del grupo britĆ”nico que, en su gira The End ā€“ā€œEl finalā€, sin mĆ”s– pretendió trazar una elipsis de su ancha y mayormente exitosa carrera, aquella que comenzó en 1970 con la publicación de su disco debut, un Ć”lbum que cambió para siempre la historia de la mĆŗsica, y cuyos primeros segundos tienen el audio de, casualmente, una tormenta.
Para blindar su incalculable legado musical, el grupo habĆ­a programado una serie de conciertos que empezaron en Omaha, Estados Unidos, a principios de aƱo, y que van a terminar dentro de tres meses en su Birmingham natal. Tres dĆ­as despuĆ©s de haber tocado por primera y Ćŗltima vez en Córdoba, fue el turno de la ciudad de Buenos Aires. Cinco minutos despuĆ©s de la hora pautada y ya sin nubes negras en el cielo, el grupo ocupó el escenario con escasos prolegómenos y el sonido inquietante de la guitarra de Iommi para ā€œBlack Sabbathā€ –aquella que empieza con tormenta–, con un Osbourne enfocado, clamando por ayuda divina al verse acechado por una figura diabólica, y sin las extravagancias que se le conocen como solista.
Sin nuevo material para presentar despuĆ©s de su exquisita visita anterior al paĆ­s en octubre de 2013, para la gira presentación de 13, disco que marcó el regreso de la alineación mĆ”s recordada –con excepción del baterista Bill Ward, que no participó–, ahora Sabbath estaba dispuesto a cerrar el cĆ­rculo que habĆ­a iniciado 46 aƱos atrĆ”s, con un previsible amontonamiento de clĆ”sicos que, a decir verdad, son muchos. AsĆ­ fue: salvo por el tiempo (habĆ­an anunciado lluvia para toda la noche) los pronósticos acertaron, y el cuarteto se dedicó cuidadosamente a representar su pasado de la mejor forma posible, a pesar de los achaques de la edad y la salud, en tipos que, con excepción del baterista norteamericano Tommy Clufetos, superaron la barrera de los 65 aƱos. Con ā€œFairies wear bootsā€ y ā€œAfter foreverā€ –un feliz agregado en los setlist de esta gira– apareció material de Paranoid y Master of Reality, sus dos discos siguientes, que junto con su trabajo debut, iban a ser el corazón del show, pese a que la discografĆ­a grabada por esta formación incluye otras seis placas. Las excepciones fueron ā€œSnowblindā€, de Vol. 4, y ā€œDirty Womenā€, de Technical Ecstasy –disco infravalorado, hasta por sus propios mĆŗsicos–, donde Iommi, mĆ”s conocido por la contundencia de sus riffs, pudo demostrar una vez mĆ”s cuĆ”nto vale como guitarrista, tambiĆ©n dentro de estructuras mĆ”s libres.
Era difícil que este concierto no estuviera a la sombra de su ya mítica presentación en la ciudad de La Plata hace tres años, una noche mÔgica y un show arrollador, compacto, muy por encima de la expectativa general. En efecto, el sÔbado ya no se vio un set perfecto por obra de un elemento disfuncional, el sonido: desbalanceado, opaco, ciclotímico y, sobre todo, bajo en decibeles. Así, las sutilezas de Iommi, las paredes de Geezer Butler y la violencia de Clufetos sólo pudieron apreciarse por rÔfagas, dejando el resto en la voluntad del espectador. Una verdadera lÔstima, dado que la performance, por lo que se podía ver y escuchar, parecía estar nuevamente a la altura del mito.
DespuĆ©s de ā€œNIBā€ y su riff venenoso, la instrumental ā€œRat saladā€ desembocó en un solo de baterĆ­a de Clufetos, extendido por demĆ”s mientras el resto de la banda tomaba aire. A la cola de ā€œIron Manā€ apareció ā€œChildren of the graveā€ para levantar el espĆ­ritu por potencia y una leve mejorĆ­a sonora. La llave la giró ā€œParanoidā€, el clĆ”sico mayor en la historia del grupo, seguido por un saludo final sobrio, sin fanfarrias… pero honesto, como Black Sabbath. A pesar del defecto tĆ©cnico, la del sĆ”bado en VĆ©lez quedó grabada como una honorable despedida para una de las bandas de rock mĆ”s grandes del planeta, una banda que en su producción parió una subcultura que sigue vigente: la del heavy metal. No parece poco. 

MĆŗsicos: Ozzy Osbourne (voz), Tony Iommi (guitarra), Geezer Butler (bajo), Tommy Clufetos (baterĆ­a), Adam Wakeman (teclados).

Lugar: Estadio JosƩ Amalfitani, sƔbado 26 de noviembre.

PĆŗblico: 30 mil personas.

Duración: 90 minutos.
Fuente: PƔgina 12
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