(Sebastián Cháves / SimĂłn Canedo / Diario Armenia) – System of a Down se presentĂł anoche en el Estadio VĂ©lez Sarsfield ante una multitud. En un emotivo gesto, el guitarrista y cantante Daron Malakian dedicĂł la canciĂłn “Protect the Land” a los caĂdos en Artsaj (Nagorno Karabaj), en referencia a las vĂctimas de la guerra, bloqueo genocida y limpieza Ă©tnica perpetrada por Azerbaiyán contra la poblaciĂłn armenia.
El estadio de VĂ©lez está repleto de gente, 44000 personas. En el campo, decenas de miles de personas se comprimen y avanzan. Justo cuando parece que ya está, que no hay lugar para un mĂnimo movimiento, otra oleada trae más personas hacia adelante, bien cerca del escenario. En los laterales, contra los lĂmites de la platea, se arma un corredor angosto en el que los que desisten se retiran hacia el fondo. Todo para ver a una banda que hace 20 años no publica discos. Apenas dos canciones en el apocalĂptico 2020. Pero esa quietud compositiva no importa, es apenas un dato, porque System of a Down sale a tocar a las 21 en punto como lo que es: una banda que opera bajo las condiciones extremas de la ejecuciĂłn. Más de 30 canciones en dos horas intensas.
Una vez terminada la mĂşsica de Atrapado sin salida (la pelĂcula de Miros Forman protagonizada por Jack Nicholson en 1975), Serj Tankian en voz, Daron Malakian en guitarra y voz, Shavo Odadjian en bajo y John Dolmayan en baterĂa salieron a escena sin muchos ademanes. “Arto”, una melodĂa tĂ©trica que sirve como vocalizaciĂłn y precalentamiento de las huestes, hizo las veces de introducciĂłn. “Somos las serpientes armenias”, gritĂł con voz podrida Malakian. “Y vamos a atacar”. Y lo que siguiĂł fue un ataque literal y sonoro. “Attack” fulminĂł el silencio con guitarra distorsionada y un rapto de doble bombo brutal a la manera de los más extremos del gĂ©nero (desde Slayer a Meshuggah). “Suite-Pee” y “Prison Song” completaron el tándem inicial con todo el imaginario del grupo: sonido explotado, cambios de velocidad y de voces. Una esquizofrenia post 9/11.
El primer gran momento de la noche llegĂł con “I-E-A-I-A-I-O”, una canciĂłn de cuna macabra, que expone vocales y esconde consonantes que podrĂan completar varias expresiones bien caras al universo del grupo (Idealization, Illegalization, Liberalization, Internalization o, incluso, Illegal Immigration). Elige tu propia causa. Llegado el estribillo, el estadio de VĂ©lez fue pogo y grito al mismo tiempo.
“Genocidal Humanoidz”, una de las editadas en 2020, fue la elegida para bajar, apenas medio grado, la temperatura. A mitad de repertorio, el cuarteto echĂł mano a “B.Y.O.B.”, el tema que condensa Ă©tica y estĂ©tica de System of a Down. Un momento de puro heavy metal al borde del hardcore, una contraparte seudo bailable que parece ironizar sobre las fiestas de la clase alta mientras el mundo se rompe en mil pedazos por las luchas de poder de esa misma clase alta. Y entonces, el marco de la canciĂłn (su intro y su outro) se pregunta, a garganta pelada, sobre esos que mueren en las guerras: «¿Por quĂ© siempre mandan a los pobres?“. Como para que quede claro que nada ha cambiado en estos 20 años en los que System of a Down no editĂł ningĂşn disco, en las pantallas fragmentadas a espaldas de la banda se leĂa: “Sufrimiento humano, ahora podĂ©s verlo en 4K”.
“Argentina a bailar”, dijo Malakian, encargado de dialogar con el pĂşblico mucho más que Tankian, lĂder esquivo. Y entonces “Radio/Video” tuvo aires de kochari esquizofrĂ©nico. Eligiendo estratĂ©gicamente el lugar del repertorio para los hits con los que se colaron a gritar sobre cosas serias en aquellos años en el que el NĂĽ metal ofrecĂa, sobre todo, la estupidez de Limp Bizkit, “Chop suey” no llegĂł al final sino como anuncio de que al show le quedaba ya menos de un tercio.

La destreza del grupo, siempre puesta en función del impacto y el descoloque, tuvo una vez más uno de sus puntos más altos en términos de recibimiento del otro lado del escenario. Acto seguido, el fragmento de “Careless Whisper”, el clásico de George Michael que hizo las veces de introducción a “Lonely Day”, sonó como una falsa calma en la voz de Malakian, menos intensidad pero no necesariamente menos drama.
“Protect the Land” (“Protege tu tierra”), la otra editada en 2020, puso a vista de todos los colores de la bandera de Armenia en las pantallas, pero también en el público del campo y las plateas. Una causa por la que el grupo nunca dejó de abogar. Para el final, “Toxicity” y “Sugar” se convirtieron en despedida catártica.
System of a Down fue históricamente una de las voces más fuertes del arte internacional en denunciar el Genocidio Armenio y en defender los derechos del pueblo armenio. En particular, el cantante Serj Tankian dedicó gran parte de su activismo a visibilizar el reclamo por el reconocimiento del Genocidio, asà como a exigir justicia y protección para la población armenia de Artsaj frente a las agresiones sufridas en los últimos años.
Durante el conflicto en 2020, la banda lanzó dos canciones —“Protect the Land” y “Genocidal Humanoidz”— para recaudar fondos en apoyo a Armenia y Artsaj, en una de las pocas veces que el grupo decidió volver al estudio después de muchos años de separación creativa.
System of a Down encontrĂł en la exacerbaciĂłn de sus raĂces el drama y el cuerpo para sus canciones. AllĂ donde otros fueron a un lugar comĂşn que no les pertenecĂa, ellos dieron con un sonido y un discurso hacia afuera exĂłtico pero no por eso repelente. Dos dĂ©cadas despuĂ©s de su Ăşltimo disco, lo que ofrecen es más fuerza y precisiĂłn para decir lo mismo de siempre. Sus luchas no han pasado de moda porque las cosas afuera solo se han intensificado. Es como si nadie tuviera nada nuevo para decir. Ni el mundo, ni ellos. Tal vez a System of a Down le alcance con dar esa lucha hasta el Ăşltimo aliento: la lucha de ver quiĂ©n grita más fuerte.
RADIO ONLINE · ROCK · CULTURA
