quiero ser recordado no solo como un compositor, sino como un hombre
sincero, que creĆa en lo que hacĆa y que no se movĆa solo por el aplauso
del público». Es el autoepitafio que, hace un año, se hizo Krzysztof Penderecki en una entrevista con ABC.
donde residĆa, Ā«despuĆ©s de una larga y grave enfermedadĀ», segĆŗn se leĆa
ayer en su pĆ”gina web. Hace dos dĆ©cadas, el jurado del premio PrĆncipe
de Asturias de las Artes le galardonaba «por su talento innovador en
todos los gĆ©neros, impuesto en situaciones y polĆticas adversas, y
ademÔs por su capacidad integradora de diferentes elementos de la segunda mitad del siglo XX».
en LusÅawice, al sur de Polonia. Ā«Son mĆ”s de treinta hectĆ”reas
-explicaba- en las que no habĆa nada. DecidĆ crear algo nuevo, una
colección de especies arbóreas de todo el mundo, que ahora debe rondar
las 1.800. Estoy profundamente orgulloso. A veces pienso que quizƔs sea
mÔs importante que mi música».
Penderecki
-que mantuvo una estrecha relación con nuestro paĆs- es autor de varias
composiciones consideradas obras maestras de la mĆŗsica del siglo
pasado: compuso, entre otras grandes creaciones, Ā«Treno a las vĆctimas de HiroshimaĀ» (1960), Ā«La Pasión de San LucasĀ» (1966), el Ā«Concierto para violonchelo nĀŗ2Ā» (1983), escrito para Mstislav Rostropovich; el Ā«RĆ©quiem polacoĀ» (1984), la Ā«SinfonĆa nĀŗ3Ā» (1995), el Ā«Concierto para violĆn nĀŗ2Ā», escrito para Anne-Sophie Mutter (1995); la Ā«SinfonĆa nĀŗ7. Las Siete Puertas de JerusalĆ©nĀ» (1997), y el Ā«Doble ConciertoĀ» (2012) escrito para los violinistas Janine Jansen y Julian Rachlin. Sus obras se escuchan tambiĆ©n en varias pelĆculas legendarias, como Ā«El exorcistaĀ», de William Friedkin; Ā«El resplandorĀ», de Stanley Kubrik.
Es también autor de cinco óperas: «Devils of Loudun» (1968/69),
«Paradise Lost» (1976/78), «Black Mask» (1984/86) y «Ubu Rex» (1991).
Estuvo en conversaciones con el Teatro Real -donde en 2000
presentó, y dirigió, su sinfonĆa Ā«Las siete puertas de JerusalĆ©nĀ»- para
componer una ópera sobre la obra de Valle-InclÔn «Divinas Palabras», pero el proyecto no se llevó a cabo.
ABC cuando Penderecki recibió el PrĆncipe de Asturias- era una figura
conocida de la vanguardia polaca, pero en los aƱos sesenta dio un cambio
con una de sus obras mĆ”s conocidas, āLa Pasión segĆŗn San Lucasā; desde
entonces, su mĆŗsica entabla un nuevo rumbo que le aproxima a la
tradición centroeuropea que podriamos calificar de neorromÔntica y que
ha tenido una magnĆfica acogida entre el gran pĆŗblico. Penderecki ha desarrollado una lĆnea de sĆntesis personal, pero su mĆŗsica nunca ha dejado de ser extraordinariaĀ».
y su realidad circundante debe reflejarse en sus obrasĀ». Por ello,
seguramente, tras unos inicios adscrito a las vanguardias musicales, las
abandonó en la década de los sesenta. «MÔs bien -aclaraba en ABC-
resultó que yo querĆa seguir mi propio camino. Todo
era vanguardista en los sesenta. EscribĆ un par de piezas que se
encasillaron asĆ, pero lo que yo querĆa eran obras de gran formato, como
oratorios y óperas. Y las vanguardias no iban en esa dirección, asà que
tuve que volver a la tradición».
como compositor, que empezó en 1959 en el Festival de Otoño de Varsovia,
donde presentó su obra «Strophen», Penderecki
desarrolló una aplaudida carrera como director de orquesta. Trabajó con
formaciones como la Orquesta Nacional de EspaƱa, la NDR de Hamburgo y la
MDR Leipzig Sinfonieorchesters, y fue director artĆstico del Festival
Casals en San Juan de Puerto Rico, asesor ArtĆstico del Festival de
MĆŗsica de PekĆn y director artĆstico de la Orquesta SinfonĆa Varsovia.
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