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Tygers Of Pan Tang encendió la llama de la NWOBHM en una noche helada de Buenos Aires

El pasado martes 2 de junio, mientras el frĆ­o comenzaba a ganar las calles porteƱas y la mayorĆ­a de la ciudad transitaba la rutina de una jornada laboral cualquiera, las puertas del Centro Cultural Bula se transformaron en…

POR banctraider@gmail.com 07/06/2026 4 MIN DE LECTURA
Tygers Of Pan Tang encendió la llama de la NWOBHM en una noche helada de Buenos Aires

El pasado martes 2 de junio, mientras el frío comenzaba a ganar las calles porteñas y la mayoría de la ciudad transitaba la rutina de una jornada laboral cualquiera, las puertas del Centro Cultural Bula se transformaron en un portal directo hacia los años dorados de la New Wave of British Heavy Metal. Allí, ante un recinto colmado de público, los legendarios Tygers Of Pan Tang demostraron que algunas llamas nunca se apagan.

La espera tuvo un condimento inesperado. El vuelo procedente de Asunción sufrió una demora que obligó a modificar los horarios previstos. Sin embargo, lejos de desalentar a los asistentes, la expectativa fue creciendo con el correr de los minutos. Cuando finalmente el reloj marcó pasadas las 21:30, el clima ya era el de una auténtica ceremonia heavy metal.

Antes del plato principal, dos bandas locales tuvieron la responsabilidad de preparar el terreno. Bardama y Batial cumplieron con creces esa tarea, aportando potencia, actitud y una saludable dosis de metal tradicional que fue elevando la temperatura emocional de una sala que no tardó en mostrar signos de estar completamente abarrotada. Y entonces llegó el momento esperado.

Con mÔs de cuatro décadas de historia sobre sus espaldas, los Tygers aparecieron en escena sin necesidad de artificios. Bastaron unos pocos acordes para que la conexión con el público fuera inmediata. La banda britÔnica se mostró sólida, compacta y convencida de la vigencia de un repertorio que forma parte del ADN del heavy metal clÔsico.

La apertura con ā€œEuthanasiaā€ marcó el tono de una presentación que combinarĆ­a material histórico con canciones de etapas mĆ”s recientes. El grupo recorrió buena parte de su legado a travĆ©s de temas como ā€œGanglandā€, ā€œKeeping me aliveā€, ā€œBack for goodā€, ā€œTake itā€ y ā€œElectrifyedā€, manteniendo siempre una intensidad constante que encontró respuesta inmediata en cada rincón del Bula. A esta altura, el pogo era misa de celebración que no se detenĆ­a.

La noche avanzó entre guitarras filosas y estribillos coreados por una audiencia que conocĆ­a perfectamente el repertorio. Sonaron tambiĆ©n ā€œOnly the braveā€, ā€œParis by airā€, ā€œWhite linesā€, ā€œSlave to freedomā€ y una celebrada versión de ā€œLove potion No. 9ā€, recordando la amplitud estilĆ­stica que siempre caracterizó a la agrupación.

Pero si algo distingue a las bandas sobrevivientes de la NWOBHM es su capacidad para convertir cada concierto en una reivindicación de su propia historia. Y en ese sentido, los momentos finales resultaron particularmente emotivos. ā€œHellboundā€, ā€œLove don’t stayā€ y el cierre con ā€œSuzie smiledā€ terminaron de sellar una actuación que combinó precisión, energĆ­a y una evidente gratitud hacia un pĆŗblico que respondió con entusiasmo de principio a fin.

Video de Nacho HM

MÔs allÔ de las canciones, hubo algo que sobrevoló toda la velada: la sensación de estar presenciando una pÔgina viva de la historia del heavy metal. Tygers Of Pan Tang pertenece a aquella generación britÔnica que, a finales de los años setenta y comienzos de los ochenta, redefinió el género junto a nombres fundamentales como la Iron Maiden, Saxon o Diamond Head. Verlos en un espacio cercano como el Centro Cultural Bula permitió apreciar de primera mano la autenticidad de una tradición musical que sigue encontrando nuevos adeptos décadas después de su nacimiento.

En tiempos donde gran parte de la industria musical parece obsesionada con la inmediatez, conciertos como éste recuerdan que el heavy metal clÔsico continúa sosteniéndose sobre pilares mucho mÔs sólidos: canciones memorables, músicos comprometidos y una comunidad de seguidores capaz de llenar una sala un martes por la noche, en pleno invierno, simplemente para celebrar una pasión compartida.

La temperatura exterior podía ser baja. Dentro del Bula, en cambio, la NWOBHM ardió durante mÔs de una hora y media con la intensidad de sus mejores días. Y los Tygers demostraron, una vez mÔs, que siguen siendo unos depredadores temibles sobre cualquier escenario.

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